Nov 22 2008
Frankenstein
Recuerdo un acantilado. Una niña. Y alguien lanzandose hacia el vacio. Cuando trato de rememorar las primeras imagenes que tengo de Frankenstein, son aquellos 3 cuadros los que vienen a la cabeza.. esas primeras 3 impresiones de una pelicula inflantil, que debo haber visto por alla en los lejanos 5 o 6 años de vida. Despues, haciendo un poco mas de memoria, aparecen algunas escenas mas, un tanto difusas, pero ciertas.
Hachas, palos, rastrillos, mechas, tumulto. Y de ahi nada mas.
Pero uno siempre se ha construido una imagen colectiva, o mas bien cede a esa imagen colectiva. Pero llego a mis manos, hace un par de años ya, el libro. Lo lei.
Como suele pasarme, muchas cosas no me calzaron, no por mi idiotez, sino, que fue una especie de densa nube adolescente que cubria mi cabeza. En fin, debi leerlo nuevamente. Y ahi se despejaron las dudas.
Ahora que miro a Frankenstein, me parece que es ver un reflejo continuo. Cada dia tiene mas sentido el ser de Frankenstein. No hay monstruos que enseñar, ni dios ni satan. Los que afloran y despliegan sus alas son los demonios que hay en cada uno.
Es eso el libro, un viaje a lo peor de nosotros.
Porque al final, Frankenstein esta ahi siempre. Esa mirada penetrante (ver foto), es la unica opcion de reproche con la que contamos, de manera particular. Cada vez que creamos que vamos por el camino que nos trazamos y que nos ilusionamos (que looser) con el poder hacer, cuando hacemos “lo correcto”, “el bien”, esa mirada inquisidora gentilmente se incrusta en la retina y va destrozando una a una las venas hasta nuestro cerebro.
En ocasiones lo mejor es mirar al espejo y sacarnos ese maquillaje con el que creemos haber nacido y pacientemente aceptar que en cada uno de nosotros habita el ser creado en ese laboratorio. Porque somos uno, fusionados. Una sola imagen.
No por nada Frankenstein decia :”Las estrellas brillaban en el cielo, como burlandose.”

